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Síntesis biográfica de Julio César Morales González

Nació el 23 de octubre de 1970. Natural de Cacocun, Provincia de Holguín.
Primera Causa: Presunto delito de sabotaje. Condena: 6 años de privación de libertad
Segunda Causa: Desacato a la figura del Comandante en Jefe. Condena: 3 años adicionales
Estado de Salud: Padece de serios trastornos nerviosos
Julio Cesar ha sostenido una constante actitud de rebeldía contra la tiranía. En cierta ocasión los reeducadores políticos lo golpearon brutalmente cuando trataron de obligarlo a gritar: "Viva Fidel" y el gritó lo contrario.
En 1997 escribe consignas contra el tirano en las paredes de su celda por lo que le añaden 3 años mas a su condena.
Ha estado confinado en la prisión de máximo rigor de kilo 8 en Camagüey. Lo han obligado a permanecer en celdas de régimen especial en aislamiento total por tres años. Ha sido víctima de maltratos físicos y psicológicos. Luego de arduas gestiones por parte de sus familiares fue trasladado a su provincia natal, pero fue confinado con criminales que cumplen largas condenas. Ha sido víctima de acoso y hostigamiento por parte de la guarnición y de los presos comunes. La agresión mas cruel la sufrió en diciembre del 2002 cuando fue violado sexualmente.
Aparentemente Julio César fue drogado con algún medicamento o sustancia química lo que facilitó el ataque sexual del que fue objeto. Aparentemente la agresión tuvo la colaboración de la guarnición del penal ya que denuncias formuladas anteriormente previeron esta situación.
Su salud se deteriora aceleradamente por los años de encierro y los abusos a que ha sido sometido. Su débil constitución física y mental hacen de este joven prisionero político un caso especial para que se realice una campaña internacional por su liberación.

ARTICULOS:

Y SE ABRIERON LAS REJAS
Prisionero político con padecimientos psiquiátricos
Julio Cesar Morales, un año más

JULITO, TODAVÍA SIGUES AHÍ…
La infernal prisión cubana
Julio César Morales González
UNA HISTORIA REAL
Niegan libertad condicional a preso político en grave estado de salud

 

Y SE ABRIERON LAS REJAS
Por: Iliana Curra

6 de agosto de 2005 - www.PayoLibre.com - Salió de la cárcel pequeña. No fue liberado. Tendrá que continuar en un inmenso presidio llamado Cuba, donde los derechos humanos se aplastan sin que el mundo se sonroje por ello. Pero, al menos, estará junto a los suyos.

Luego de cumplir 12 años de injusto encarcelamiento y de torturas físicas y psicológicas, salió de la prisión el joven Julio César Morales González. Sus mejores años quedaron allí, donde el sueño se confunde con la muerte, y la vida apenas tiene valor. Donde todo se hunde y tienes que aferrarte a la existencia por encima del temor y del sobresalto permanente. Allí se muere a diario cuando la esperanza es tan lejana como el cielo. Pero la esperanza es justamente la que nunca se puede perder.

Y se abrieron las rejas. Y salió digno. Salió mirando al sol con sus ojos claros y profundos que nunca perdieron el brillo. Ni en los momentos de horror que tuvo que vivir, porque pudo sobreponerse al dolor. Y ahí está, saludando a sus amigos de la infancia, sus vecinos, y en especial su familia. Esa madre que nunca ha cesado de denunciar las barbaridades cometidas contra él.

Ahí está Julito, como le llamamos quienes lo queremos y apreciamos su valor. Ese mismo Julio César Morales González que hace 12 años fuera encerrado por romper un cristal de un cine en su pueblo de Cacocún, porque el ensañamiento ha sido constante contra su persona. Este 4 de agosto de 2005 marcará una nueva era en su vida. Una vida que empieza a contarse desde el momento en que ha dejado cerrada tras de sí las rejas frías de una prisión holguinera.

No fue liberado. Solo ha salido de la cárcel. Porque siempre fue libre, aún en los encierros más espantosos que nadie puede imaginarse era libre. Y esa libertad se lleva adentro. En la mente y en el alma, donde los carceleros, ni los agentes de la Seguridad del Estado pueden llegar para arrebatártela.

Después de todo esto, sólo me queda saludarlo, y esperar que un día, nada lejano, pueda darle un abrazo. Un fuerte abrazo de hermano.

¡Dios te bendiga, Julito!


Prisionero político con padecimientos psiquiátricos

SANTA CLARA, 4 de abril de 2005 (Jannice Broche, Cubanacán Press / www.cubanet.org) - El prisionero político Julio César Morales González ha sido hospitalizado en varias ocasiones en la sala de penados del hospital camagüeyano Amalia Simoni.

En llamada telefónica realizada recientemente desde Holguín, Margarito Broche Espinosa, fuente de esta información, conoció a través de la madre del reo, Rosaida González, que Morales estuvo afectado con una fuerte crisis nerviosa en el mes de enero del presente año por lo que tuvo que ser ingresado durante 21 días.

El reo político fue detenido el 28 de octubre de 1993 y procesado como parte de la causa 63 de ese año, acusado de sabotaje. En 1996 volvió hacer sancionado bajo los delitos de propaganda enemiga y desacato, aplicándole una conjunta de 13 años de privación de libertad.

Actualmente cumple su condena en una prisión de la provincia de Camagüey.

Julio Cesar Morales, un año más
Octubre 2004 / ADCuba

“ACORDAOS DE LOS PRESOS, COMO SI ESTUVIERAIS PRESOS JUNTAMENTE CON ELLOS; Y DE LOS MALTRATADOS, COMO SI VOSOTROS ESTUVIERAIS EN SU MISMO CUERPO.”

HEBREOS 13.3

Por: Iliana Curra

Hace un año denuncié su caso en un artículo. Hace exactamente un año... Parece tan poco tiempo, pero no lo es. Al menos para él, quien cumple detrás de las rejas frías de una tenebrosa cárcel castrista.

Julio César Morales González es su nombre. Nunca lo dejaré de mencionar. Se ha convertido en una prioridad entre mis prioridades. No me importa que me llamen apasionada. Es posible que lo sea. Sobre todo cuando se trata de exigir la libertad de alguien que sufre tanto como Julito, como lo llaman sus familiares y amigos.

Julio César cumple en este mes de octubre de 2004, once años de encarcelamiento injusto. Romper un cristal de un cine en su pueblo le costó una condena de seis años de privación de libertad. El valor del cristal era de apenas 35 pesos cubanos con 50 centavos. Parecería una broma esa condena, pero no lo es.

Pero no todo quedó ahí. Los años de prisión continuaron aumentando. Fue trasladado a la cárcel de máximo rigor de Kilo-8 en Camagüey, y dos llamados reeducadores lo golpearon de forma brutal para obligarlo a que gritara consignas a favor del dictador. Sus gritos no se hicieron esperar, y con todas sus fuerzas gritó “Abajo Fidel”.

Tres años más de cárcel fue la respuesta, además de la pateadura. También aumentó la represión. En Kilo-8 lo esperaba una celda del régimen especial, y en aislamiento absoluto tuvo que sobrevivir por mucho tiempo. Sin agua, sin ventilación, sin luz. Con ratas y cucarachas como acompañamiento indeseado. Con todos los insectos y bichos que pernoctan en un lugar llamado celda. Y, por supuesto, con golpizas sistemáticas. Quien conoce esta prisión de máxima seguridad saben que todo esto es cierto. Los presos la bautizaron con el nombre de “Se me perdió la llave”, y lo primero que pierden allí, son las esperanzas.

Pero Julito logró salir vivo físicamente, aunque su mente enfermó. Ahora padece de serios trastornos nerviosos. Debe recibir tratamiento psiquiátrico, pero la tortura es la mejor respuesta de sus carceleros, y de quienes tienen el control de los presos políticos: la Seguridad del Estado. Los mismos que le han negado por años el acceso a leer la Biblia. Los mismos que han establecido un sistema de maltratos, tanto físico, como psicológico de manera brutal.

En 1997 es nuevamente condenado a tres años más. Esta vez fue castigado por escribir consignas contra el tirano Fidel Castro en las paredes de su celda de castigo. Continuaron las golpizas. Continuó la represión.

Pero Julio César aún no termina su calvario. Ya han pasado 10 años de encierro, y lo trasladan a la prisión Provincial de Holguín. Lo confinan junto a criminales de altísima peligrosidad. Los mismos que acosan a los prisioneros políticos. Lo hostigan, lo asedian. Lo amenazan…

La madre de Julito recibe también una carta amenazadora de parte de presos comunes. Le dicen que su hijo pagará muy caro. Y que ella también. El temor la invade. Teme por su hijo que ya ha pasado tanto. Denuncia todo eso en la Dirección Nacional de Cárceles y Prisiones, pero la mejor respuesta del régimen, es siempre el mutismo.

La prisión Provincial de Holguín está abarrotada de delincuentes comunes. Hombres que cumplen largos años de condena por asesinato, por allanamientos de morada con violencia, por robar, por violar a menores…Julio César Morales ha sido llevado a celdas donde tiene que convivir obligatoriamente con esos reos comunes. Los mismos que, por recibir algún tipo de prebenda, son capaces de todo. Y en diciembre del año 2002, Julio César fue drogado, y posteriormente violado sexualmente. Tres días después estaba aún tirado en un camastro de la celda. Tres días más tarde no había recibido atención médica. Cuando se lo llevaron al hospital, su salud era muy delicada.

¿A quién se responsabiliza de esta violación sexual? A nadie. Nunca se supo quiénes fueron. Nunca hubo una investigación. Nunca un seguimiento a las amenazas que le hicieron. Una atrocidad como ésta queda impune, porque Julio César es un prisionero político en Cuba, en un país donde estar preso, es como estar muerto.

La madre de Julito ha denunciado –una vez más- la situación de su hijo. Esta vez, con mucho dolor, denunció esta bestialidad cometida contra él. Responsabilizó a la Seguridad del Estado de ordenarlo. Pero en un país donde no existen derechos, no hay mucho que hacer.

Mientras tanto, la salud de Julito continúa en deterioro. Su cuerpo, desnutrido, se consume en la prisión. Los medicamentos no se los entregan, y cuando lo hacen, son cambiados a propósito. Casi muere de un dolor en el pecho por una pastilla que no le correspondía tomar. No recibe ayuda para mejorar su salud mental, por lo que a medida que el tiempo transcurre, empeora.

¿Qué se puede hacer? Seguir denunciando su situación. Muchos no escuchan. Otros, quizás, al menos se enteren de que existe un joven prisionero político que ha sufrido en exceso la represión y la maldad de un régimen que se ensaña contra aquellos que se rebelan, contra los que no aceptan ponerse de rodillas.

Julio César Morales González mantiene su dignidad y su hombría. Para denunciar lo que le hicieron, se necesita mucho valor. Su condición de hombre libre –porque es libre por dentro- nadie puede arrebatársela.

Aún confío en aquellos que quieran escuchar. En los que pudieran también exigir la libertad de este prisionero político que padece los horrores del encierro en un país donde se violan los derechos humanos arbitrariamente. En octubre 23 cumple sus 34 años de edad. También en este mismo mes de octubre cumple once años de prisión.

Solo le pido a Dios que le de fuerzas para soportar el tormento que vive a diario. Que le de salud para que salga vivo de ese horror, y que su libertad llegue pronto para que se pueda curar. Y Dios me escuchará, estoy segura.

JULITO, TODAVÍA SIGUES AHÍ…
Por: Iliana Curra

30 de marzo de 2004

www.PayoLibre.com - Creí que la maldad humana tenía un límite. Que la posibilidad de denunciar un caso haría que cambiara la situación. Que la piedad -a veces- también la sentían los verdugos. Que el dolor haría quebrantar alguna vez al peor de los malvados. Pero me equivoqué, como tantas veces. No sienten piedad los que torturan. Todo lo contrario. No sienten dolor, porque precisamente lo provocan para hacer sufrir. No hay compasión cuando la perversidad supera los límites más allá del tiempo. Y es el caso más inhumano que conozco -aunque no el único- pero es el más cruel.

Se trata de un caso ya denunciado. Un joven prisionero político con más de 10 años de encarcelamiento. Una vida destruida por la maldad de alguna orden oculta que quizás nunca pueda comprobarse. Los criminales saben el futuro que les espera y guardan sus culpas, disimulan su odio. Pero Dios sabe cuánto daño le han hecho a Julio César Morales. Golpizas, encierros en aislamientos prolongados que han enfermado su mente. Castigos excesivos, incluyendo negarle los medicamentos para sus nervios. Maltratos, mala alimentación, falta de agua en la celda, hacerlo dormir en el suelo frío y húmedo, provocaciones, torturas psicológicas, torturas físicas, y la peor de las aberraciones: una violación sexual por parte de reos comunes de la peor catadura que cumplieron órdenes de la Seguridad del Estado. Y me pregunto simplemente, ¿por qué?

Ensañamiento quizás, porque su rebeldía les provoca odio, pero odio de verdad. Hay que ser muy vil y muy cobarde. Una bajeza imperdonable contra un muchacho tan indefenso. Su familia destruida por el dolor y la impotencia. Una madre que apenas vive por la angustia diaria de lo que le puedan hacer. ¿Acaso podrían hacerle algo más?

Julito, así lo llaman sus amigos, su familia y todos los que lo admiran y quieren. Julito es rebelde innato. No claudica, no implora, y eso es imperdonable para sus verdugos. Lo siguen torturando a diario. Le cambian los medicamentos -cuando se lo dan- para hacerlo sentir peor. Casi muere con faltas de aire y dolor en el pecho. Una simple pastilla -sabe Dios para qué- que se equivocaron al entregarle. Una equivocación extraña en un lugar donde mueres y no importa. Donde los médicos certifican lo que les ordenan y nadie puede comprobarlo. En un sistema donde reclamar es una palabra fuera del diccionario. ¿Acaso hay que perdonar? No creo. No habría arrepentimiento que aceptara un perdón a esas bestias sedientas de crueldad.

Tantos años de encierro es de por sí un martirio. Cuando es injusto, es una aberración. Y cuando se trata de un joven enfermo, no tiene calificativo. Haberlo violado después de tantos años de encarcelamiento es lo más perverso que pueden haber hecho. Solo la cobardía y la sumisión de delincuentes sin escrúpulos al servicio del penal podrían lograrlo. Son como ratas de alcantarillas, cobardes y sucias.

Otra de las bajezas es el tratamiento psiquiátrico que dicen darle. Apenas alguna que otra entrevista con la psicóloga del penal. La misma que le dice que su problema se le quita cuando salga de libertad. Ni que la libertad estuviera fuera de las rejas de una prisión. Cuba entera es una enorme cárcel donde millones de cubanos sufren su claustro. Pero dice la psicóloga que Julito no padece nada serio. Ella es parte de la gran componenda del Ministerio del Interior, los causantes del suplicio. Es la gran farsa que enlaza al servicio médico con los carceleros. Monumental vergüenza para los galenos que han estudiado para salvar vidas, no para causarles la muerte. Una especialista que se dedica a la tortura en vez de ayudar. Que utiliza sus conocimientos para hacer el mal. Que provoca ira en vez de sosiego. Que cumple con mandatos de quienes le pagan porque viste el mismo uniforme militar.

Pero Julito sigue ahí. Preso, sin que le aprueben su libertad condicional que hace tiempo le corresponde, según sus propias leyes. Sigue enfermo y no les importa. Empeora con el tiempo. Desnutrido y sin medicamentos apropiados. Nervioso. Pero firme en sus principios. Escribe poemas a novias imaginarias. Escribe en una celda solitaria. Sueña con ser libre, porque soñar, es lo único que no pueden impedirle.

Julito, todavía sigues ahí. En una celda de la prisión Provincial de Holguín. Yo se que vas a salir, y todo va a cambiar, que será diferente. Mientras tanto, lo único que puedo hacer por ti es escribir estas líneas. Que todo el que la lea, sepa que sufres, pero que eres valiente. Que el mundo conozca de ti, de lo que han hecho contigo. De tu verdad y de tu valor. De tus condiciones como hombre, porque con esa violación no han robado tu hombría. Todo lo contrario. Desde el momento en que lo denunciaste demostraste el alcance de tu vergüenza.


La infernal prisión cubana
Iliana Curra

Julio César Morales González es un joven cubano, preso de conciencia, de apenas 23 años. Tiene más de 10 años de sufrir encarcelamiento injusto, torturas físicas y mentales. Su máximo delito: disentir de un sistema que quiso crear al “hombre nuevo”, un experimento tan fracasado como sus métodos.

Julito, como lo llaman todos sus hermanos en prisión, ha recibido golpizas brutales, aislamientos absolutos en celdas de castigo, tratamiento con sustancias psicotrópicas. Le han negado tomar el sol por años, visitas familiares, tratamiento adecuado para sus enfermedades. Ha realizado innumerables huelgas de hambre y lo han llevado a padecer por siempre de un desequilibrio mental como resultado de las torturas. A Julito lo amenazaron con dañarlo de forma bestial. Las amenazas llegaron hasta la casa de su mamá. Cartas anónimas así se lo hacían saber.

Pasó seis meses sin recibir medicamento para sus problemas nerviosos con el fin de desestabilizarlo totalmente, y las denuncias de su madre caían en un saco roto en la Dirección Nacional de Cárceles y Prisiones. Las órdenes ya estaban dadas, el plan inescrupulosamente detallado. Aprovechándose de su deteriorado estado mental, recibía sustancias nocivas en su celda para calmar su desequilibrio nervioso. Todo se fue preparando con una crueldad sin límites, hasta que en diciembre del 2002 fue violado sexualmente por delincuentes que se venden por una visita extra o un pabellón conyugal. Cuando su madre pudo visitarlo, él le contó que había sido violado y dejado tirado en el camastro de la celda por tres días, sin recibir atención médica y sin dejarlo ver.

El dolor de una madre no se compara con nada al enterarse de algo tan espantoso: “Regresé a la casa como loca”, dijo en una denuncia radial en Miami. Sus quejas a la Dirección Nacional de Cárceles y Prisiones en La Habana nunca tuvieron respuesta. Los guardias del penal dicen que supieron de la violación, pero que no podían castigar a nadie porque no sabían quiénes eran los autores. Después de varios días en la enfermería de la prisión, lo trasladaron a otra cárcel, pero luego lo regresaron al mismo lugar y lo encerraron en una celda de castigo en muy malas condiciones de salud. La misión ya había sido cumplida. La Seguridad del Estado demostraba una vez más su sádico e irracional tratamiento a los prisioneros políticos.

Los ojos de Julito son azules y profundos, desorbitados de tanto horror que ha padecido en su encierro. Lo conocí en 1995. Coincidimos en un traslado a un hospital de Camagüey. Un carro jaula de la prisión de máximo rigor de Kilo-8 traía consigo a varios presos. En la parte de afuera de la jaula nos montaron. Éramos tres mujeres prisioneras.

Varios guardias de ambos sexos custodiaban el carro. Pegado a la reja metálica casi cerrada se encontraba un muchacho muy joven, desnutrido. Su piel era extremadamente blanca, una piel que llevaba mucho tiempo sin coger sol, sus ojos azules muy claros y profundos: era Julito. Preguntó por mi nombre y nos identificamos. Nuestro saludo consistió en tocarnos casi la yema de los dedos entre la reja, apenas un roce para identificarnos como hermanos de lucha y de encierro. Sus palabras contra el tirano no se hicieron esperar, y me di cuenta que estaba alterado, o mejor dicho: lo tenían alterado. Luego le escribí una “picúa” (una carta clandestina) a Jorge Luis García Pérez (Antúnez) le conté lo sucedido y me respondió explicándome las condiciones en que tenían a Julito, y cuánto le había afectado todo eso. Nunca he podido olvidar sus ojos en aquel encuentro, mucho menos desde que supe todo lo que le habían hecho.

Mi propósito de denunciar lo que sucede en Cuba, en particular con los presos políticos, tomó mayor fuerza. He visto y escuchado los horrores del presidio político, pero nunca algo tan espantoso, incluso, es algo más allá de la propia muerte. Es una muerte en vida, un trauma eterno, una herida difícil de cerrar. Es una vida joven, condenada al dolor de sus torturas. No tienen perdón aquellos que cometen tales salvajadas, mucho menos los que la orientan.

Pero a Julio César Morales nunca lo han podido doblegar, sigue siendo digno ejemplo de una juventud que no acepta tiranías, ni componendas, ni arreglos con el mismo régimen oprobioso que los reprime.

Ésta no es una historia ficticia, es tan real y triste como la ha vivido este joven nacido dentro de esa llamada revolución, ha vivido para contarla, y espero que continúe vivo para que en un futuro no lejano pueda recibir un tratamiento adecuado para sus nervios y aliviar sus males. Dios permita que sea pronto y en libertad.

La autora es ex prisionera política cubana. 10 de enero de 2004. La Prensa


Julio César Morales González

Por Iliana Curra Lussón. La Nueva Cuba. Octubre 23, 2003.

Julio César Morales González nació el 23 de octubre de 1970. Julio es natural de Cacocún, provincia de Holguín.

El 30 de octubre de 1993 fue acusado por el presunto delito de "Sabotaje" y condenado a 6 años de privación de libertad tras un proceso amañado y arbitrario.

Dentro de la prisión se le abrió una segunda causa, la que le fuera impuesta cuando era trasladado para la prisión de extrema seguridad de Kilo 8 en Camagüey. En esa acusación fue acusado del supuesto delito de "Desacato a la figura del comandante en jefe" y sentenciado a otros 3 años de prisión, en 1996. Esto sucede cuando dos reeducadores lo golpearon de forma brutal y lo trataron de obligar a que dijera: "Viva Fidel", y él gritó todo lo contrario.

En 1997 aumentan nuevamente 3 años más a su condena por escribir consignas contra el dictador Fidel Castro en las paredes de su celda. Estuvo confinado en la prisión de máximo rigor de Kilo-8 en Camaguey, obligado a permanecer en celdas de régimen especial en aislamiento absoluto por tres años, careciendo de agua, sin ventilación e iluminación, lo que le provocó serios trastornos nerviosos, lo cual se ha agravado debido a los años de cautiverio sin recibir atención médica adecuada. Se le ha negado el acceso de materiales religiosos, y ha sido víctima de maltratos físicos y psicológicos.

Luego de inmensas gestiones para que fuera trasladado a su provincia natal, fue internado en la prisión Provincial de Holguín, siendo confinado junto a criminales que cumplen largas condenas, los que acosan a los prisioneros políticos, y en este caso, Julio César Morales, ha sido víctima de hostigamiento por parte de estos reclusos comunes, que por el simple hecho de ganar alguna pequeña prebenda, realizan los más bajos encargos hechos por oficiales de la Seguridad del Estado.

El acto más bestial cometido contra este joven opositor fue en diciembre de 2002 cuando fue violado sexualmente por delincuentes comunes que no tuvieron en cuenta su delicado estado de salud mental y física. Aparentemente Julio César Morales fue drogado con alguna sustancia química, ya que no recibía asistencia médica para sus problemas nerviosos, y de esta forma fue agredido sexualmente, según se sospecha fuertemente, por órdenes superiores de la dirección penal, ya que en denuncias formuladas anteriormente previeron esta situación por amenazas constantes a él y a su mamá.

Su salud se deteriora por días debido a los años de condena que ha sufrido en cárceles de extremo rigor. Su débil constitución física y mental por las torturas recibidas, hacen de este joven prisionero político un caso especial para que se realice una campaña internacional por su liberación.

De continuar en estas condiciones, su futuro es el más incierto de todos, en un sistema donde violar los derechos humanos, es lo más común que pueda existir.

*Iliana Curra Lussón es ex prisionera política cubana.


UNA HISTORIA REAL
Por Iliana Curra Lussón

Octubre 20, 2003

Este 23 de octubre de 2003 cumple apenas 33 años de edad, Julio César Morales González. También por esos días cumple 10 años de encarcelamiento injusto, torturas físicas y mentales. Su máximo delito: disentir de un sistema que quiso crear al "hombre nuevo", un experimento tan fracasado como sus métodos.

El joven preso de conciencia Julio César Morales González, sometido a torturas, psicológicas y físicas. Sus carceleros ordenaron a presos comunes que le violaran y consumada la monstruosidad le dejaron tirado en un camastro por tres días. Tras 10 años de encarcelamiento este preso político necesita de todo cubano. Es imperativo movilizar a la opinión pública internacional para salvar la vida de Julio César y obtener su inmediata liberación.

Julito, como lo llaman todos sus hermanos en prisión, ha recibido golpizas brutales, aislamientos absolutos en celdas de castigo, tratamiento con sustancias psicotrópicas. Le han negado tomar el sol por años, suspensiones de visitas familiares. Le han negado un tratamiento adecuado para sus enfermedades. Ha realizado innumerables huelgas de hambre, y lo han llevado a padecer por siempre de un desequilibrio mental como resultado de todas esas torturas. Pero no todo termina ahí.

A Julito lo amenazaron con dañarlo de forma bestial. También las amenazas llegaron hasta la casa de su mamá pero las autoridades carcelarias hicieron caso omiso de las mismas. Cartas anónimas, así se lo hacían saber. También llevaba 6 meses sin recibir medicamento alguno para sus problemas nerviosos con el fin de desestabilizarlo totalmente, pero las denuncias de su madre caían en un saco roto en la Dirección Nacional de Cárceles y Prisiones. Las órdenes ya estaban dadas, el plan inescrupulosamente detallado. Aprovechándose de su deteriorado estado mental, recibía sustancias nocivas en su celda para calmar su desequilibrio nervioso. Todo se fue preparando con una crueldad sin límites, hasta que en diciembre del año 2002 fue violado sexualmente por esos delincuentes que se venden por una visita extra o un pabellón conyugal. Su madre lo visitó el día 6 de enero y fue cuando se enteró de todo. Su hijo fue violado y dejado tirado en el camastro de la celda por tres días, sin recibir atención médica, sin dejarlo ver, incluso, ella no fue avisada de lo sucedido.


"Yo hice una denuncia pública en noviembre del pasado año 2002, de que reclusos comunes habían amenazado de muerte a mi hijo, así como también a mí. En las cartas decían que le ajustarían cuentas en la cárcel, y que en la calle tomarían represalias conmigo", declaró su madre. Su denuncia nunca fue escuchada por las mismas autoridades que promovían esta crueldad.

El dolor de una madre no se compara con nada al enterarse de algo tan espantoso: "Regresé a la casa como loca", dijo en una denuncia radial en Miami. Sus quejas a la Dirección Nacional de Cárceles y Prisiones en La Habana nunca tuvieron respuesta. Los guardias del penal dicen que supieron de la violación, pero que no podían castigar a nadie porque no sabían quiénes eran los autores. Después de varios días en la enfermería de la prisión, lo trasladaron a otra cárcel, pero luego lo regresaron al mismo lugar y lo encerraron en una celda de castigo en muy malas condiciones de salud. La misión ya había sido cumplida. La Seguridad del Estado demostraba una vez más su sádico e irracional tratamiento a los prisioneros políticos.

"Mi hijo no es una persona que pierde la mente, pero manifiesta sus problemas nerviosos en sus ojos y en sus manos, que le tiemblan mucho", explica la madre. Los ojos de Julito son azules y profundos, desorbitados de tanto horror que ha tenido que padecer en su encierro.

Lo conocí en 1995, coincidimos en un traslado a un hospital de Camagüey. Un carro jaula de la prisión de máximo rigor de Kilo-8 traía consigo a varios presos. En la parte de afuera de la jaula nos montaron, éramos tres mujeres prisioneras. Varios guardias de ambos sexos custodiaban el carro. Pegado a la reja metálica casi cerrada se encontraba un muchacho muy joven, desnutrido. Su piel era extremadamente blanca, una piel que llevaba mucho tiempo sin coger sol, sus ojos azules muy claros y profundos: era Julito. Preguntó por mi nombre y nos identificamos. Nuestro saludo consistió en tocarnos casi la yema de los dedos entre la reja, apenas un roce para identificarnos como hermanos de lucha y de encierro. Sus palabras contra el tirano no se hicieron esperar, y me di cuenta que estaba alterado, o mejor dicho: lo tenían alterado. Luego le escribí una "picúa" (una carta clandestina) a Jorge Luis García Pérez (Antúnez), le conté lo sucedido y me respondió explicándome en las condiciones que tenían a Julito, y cuánto le había afectado todo eso. Nunca he podido olvidar sus ojos en aquel encuentro, mucho menos desde que supe todo lo que le habían hecho.

Mi propósito de denunciar lo que sucede en Cuba, en particular con los presos políticos, tomó mayor fuerza. He visto y escuchado los horrores del presidio político, pero nunca algo tan espantoso, incluso, es algo más allá de la propia muerte. Es una muerte en vida, un trauma eterno, una herida difícil de cerrar. Es una vida joven condenada al dolor de sus torturas. No tienen perdón aquellos que cometen tales salvajadas, mucho menos los que la orientan.

"Otra cosa que quiero dejar claro en esta denuncia, es que mi hijo nunca se quitaría la vida, porque hace tiempo están tratando de hacer ver que quiere suicidarse, y no es verdad", dijo su madre desde Holguín. Es lo último que pudieran hacerle, ya no quedaría otra cosa. Lo único que espero es que la opinión pública, la prensa y el mundo civilizado conozca que en Cuba se tortura, y que se ha torturado desde que en 1959 tomaron el poder los comunistas. Julio César Morales es una muestra de ello, pero nunca lo han podido doblegar, aún sigue siendo digno ejemplo de una juventud que no acepta tiranías, ni componendas, ni arreglos con el mismo régimen oprobioso que los reprime.

"Yo no pido que lo liberen, yo exijo que le den su libertad…ya lleva demasiado tiempo en prisión", dijo su madre desesperada desde Cuba, y es lo que todos debemos pedir: la libertad de Julio César Morales González y la de todos los prisioneros políticos.

Esta no es una historia ficticia, es tan real y triste como la ha vivido este joven nacido dentro de esa llamada revolución, ha vivido para contarla, y espero que continúe vivo para que en un futuro no lejano pueda recibir un tratamiento adecuado para sus nervios y aliviar sus males, Dios permita que sea pronto y en libertad.

Iliana Curra Lussón es Ex prisionera política cubana.


Niegan libertad condicional a preso político en grave estado de salud

HOLGUÍN, 21 de mayo de 2003 (www.cubanet.org) - El prisionero político Julio César Morales González, de 34 años, confinado en la cárcel provincial de Holguín, quien cumple una condena de 15 años de privación de libertad por los supuestos delitos de sabotaje, propaganda enemiga y desacato a la figura del comandante en jefe, le niegan los beneficios de la libertad condicional, a los que todo recluso tiene derecho.

"En Holguín me dijeron que los papeles de Julito están en La Habana", declaró la madre del prisionero, Rosaida González, quien agregó: "Fui a La Habana y me dijeron que los papeles estaban en Holguín. Siempre me engañan para hacer sufrir a mi hijo y a mí".

Morales González lleva 10 años en celdas, de los 15 a los que fue condenado, y ya ha cumplido el período exigido para considerar su libertad condicional, de acuerdo a la ley penitenciaria.

"Lo están matando poco a poco y está muy mal de los nervios", añadió la señora González. "En la visita del mes de abril me volví como loca cuando lo vi, pesaba menos de 70 libras. Él se quitó la camisa delante de todos y la gente se tapaba los ojos porque parecía un cadáver. Gritó en alta voz que lo mataran de frente y no poco a poco, como lo estaban haciendo. Le estaban suministrando 13 medicamentos diarios para los nervios; 6 tirotisina, 3 benadrilina, 2 nitrazepán y amitrifilina. Me quejé a las autoridades del penal, y me dijeron que un médico de la prisión llamado Ricardo lo había valorado y dijo que Julio César estaba en perfecto estado de salud. Pedí que me dejaran traer un médico de la calle para que lo atendiera y poder creer en lo que me decían. Y me informaron que no podía ser."

Y concluyó Rosalía González: "Lo único que quiero es que me entreguen lo que queda de mi hijo, está en peligro de muerte y no quieren darle la libertad condicional que le corresponde. Responsabilicé y responsabilizo, acusé y acuso al Ministerio del Interior por la salud física y mental, así como de la seguridad de mi hijo Julio César Morales González". cnet/16