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Los vaivenes del comercio agropecuario en Cuba

José Alberto Álvarez Bravo

26 de mayo de 2016

La Habana, Cuba – www.PayoLibre.com – Con una rapidez de vértigo, iniciativas que durante su concepción y estreno han prometido ser la solución a las controversias originadas en los conflictos de intereses entre vendedor y comprador, entre mercancía y precio, entre oferta y demanda, dan paso a otras variables de signo contrario. La razón de ser de estos vaivenes son, presumiblemente, la “protección al consumidor”, desvelo perenne de quienes moderan la vida del pueblo cubano.

Un ejemplo ilustrativo es el cambio introducido en el mercado agropecuario sito en J y 19, en El Vedado. De la forma auto gestionada, casi privado, acaba de regresar a su anterior status, estatal, con el mecanismo de precios topados. Supuestamente, el nuevo retroceso a la vía (mal) controlada por el estado debe significar una sensible disminución de los precios, pero la realidad se encarga de desmentir esa engañosa ilusión.

Soy consumidor de col fresca, beneficiosa para los trastornos digestivos. Cuando el “agrito” de J y 21 era “particular”, las coles tenían un precio fijo: 10.00 CUP. Hoy sábado 21 de mayo de 2016 llego a este establecimiento y me encuentro con un flamante listado de precios, donde el costo de la mercancía depende del peso. La libra de col está tasada en 0.85 CUP.

Todas las coles (o repollos) presentan un aspecto repulsivo, picarazadas por la plaga. No hay opción, escojo una y se la entrego al empleado; la pesa, saca una calculadora de mano, la teclea aplicadamente y me espeta sin sonrojo: ¡once pesos! Pago y me voy complacido, pero verifico el peso en otro establecimiento: 7 libras.

Siete por ochenta y cinco es igual a 5.95 CUP y me cobraron once. Todo para “proteger” al consumidor.

Señores del poder, no jodan tanto al pueblo con los incesantes vaivenes en los mecanismos comerciales, solo útiles para tratar de paliar la incompetencia de la peor de las plagas, la burocrática. La injerencia excesiva y obsesiva del estado en las esferas que no debieran ser de su incumbencia, es quizás una de las causas del desabastecimiento crónico y el desamparo que padece el consumidor cubano. En otras no sé, nunca he vivido fuera de Cuba, pero en nuestra sociedad se hace patente la frase de Plauto: lupus est homo homini, non homo, quom qualit non novit.

cubaexige@gmail.com


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