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¿Hay Dios para todos?

Raisi Companioni Corbalán
Narrativa / PayoLibre

Dios es para todos, a El no le importa la raza o el color, ni la condición social, ni la posición política, ni la nacionalidad.

 

Esta historia ocurre en un caserío rural muy pobre del municipio especial de Isla de Pinos, en una comunidad llamada "los ilegales", donde no tienen casas. Estos, a los que el sector de la agricultura les concedió un pedazo de tierra para su cultivo y no les permite la construcción de un local para el cuido de dichas tierras ni para la crianza de los animales. A pesar de todo esto, los ilegales han fabricado sus casas con las paredes y techo de guano y los pisos de tierra. Los residentes de esta comunidad por estas viviendas han sido declarados como ilegales y multados desde 500.00 pesos hasta 1500.00 sin tener en cuenta que esto nunca fue un delito en ningún gobierno de la República de Cuba.

Como en toda comunidad, aquí viven niños y niñas. Las leyes dictadas por el sistema imperante y por el rector estatal de la vivienda hacen a estos niños ilegales, es decir son los menos privilegiados, que están caminando junto a sus padres con la fe y la esperanza que algún día encontrarán un lugar para descansar y vivir en paz, amor y prosperidad, como Abraham y Sara.

Una mañana del primer domingo de octubre del año 2002, por primera vez, entré en contacto con estos niños y niñas. Me recibieron con cierta timidez, pero conmigo llevaba a mi querido títere el "Perrito Golfito". Me dije: estos niños viven en el campo, ayudan a sus padres a pastorear carneros y chivos, crían animales, necesitan y tienen perros para cuidarlos. Mi imaginación comenzó a funcionar y les presenté a mi títere Golfito, entablando una conversación. Me emocioné al ver aquellas caritas inocentes y alegres de todos los colores, blancas, amarillas, mestizas, limpias y sucias. Ellos me dijeron sus nombres y yo les dije el mío. También les expliqué que era la persona, que le enseñaría la Biblia y que les contaría varias historias de niños pobres que nacieron en este mundo con una misión especial, se quedaron en silencio y pensativos, cuando de pronto un niño, Inolvis el chinito, me preguntó jocosamente:

¿Usted come mucha calabaza? y yo le respondí: sí, bastante. El chinito riéndose me dice que su mamá le dijo que quien come calabaza le engordan las pantorrillas; ahí mismo mirándome las piernas solté la carcajada. Los demás niños se rieron por un buen rato. Me despido citándoles para el próximo domingo, comenzando la primera lección, "así concluimos nuestro primer encuentro.

Llegó el segundo domingo de octubre, preparé una mochila y en ella guardé un pomo de agua, una merienda para mí, y caramelos para los niños. La caminata era un poco fatigosa para mí, de mi casa a la comunidad de los ilegales existen cuatro kilómetros y medio, no tengo bicicleta, a ese lugar no entra el ómnibus estatal. También dentro de la mochila guardé el cuaderno #1 "La Historia de la Creación" y mi Biblia.

Cansada, ansiosa e inquieta llegué y visité hogar por hogar, convenciendo a los padres para que los niños salieran conmigo a recorrer y a contemplar todo el paisaje campestre que el día nos regalaba. Era una mañana caliente por el sol, en que los caballos esperaban en sus establos, donde el canto de los pájaros se confundía entre sí y las gotas del rocío empezaban a deslizarse por las hojas de los árboles. Salimos a nuestro recorrido. Podía sentir en lo más profundo de mi corazón lo felices que estaban. Iban más niñas que niños de diferentes edades. El más pequeño, Ober, llevaba en sus brazos su mascota, un pollito pequeño, que por cierto me impresionó, ya que respondía a los mimos que recibía del niño.

La mayor era Shara una niña de 12 años, por cierto muy inteligente, conocía mucho de la Palabra de Dios, sus padres eran cristianos. Sharita era de esos niños que por causas de conflictos sociales, pasaron de una vida de ciudad a experimentar una vida de campo, en condiciones muy malas, pero con un poco mas de paz

Entramos en contacto con la naturaleza que Dios creó. En el recorrido nos encontramos con carneros, chivos, vacas, bueyes, caballos, pájaros de diferentes especies, árboles frutales y de sombras, además con personas cortando yerbas para sus animales. Nos detuvimos a la orilla de una poseta. Los fuertes rayos del sol se hicieron sentir en los cuerpos tiernos de los niños, Surima, una de las niñas, exclamó que quería descansar, entonces los demás niños decidieron hacer lo mismo. Yo, señalando para un enorme árbol, les dije: vamos a descansar y a disfrutar de la agradable sombra que nos brinda aquella Ceiba. Corrimos hacia el árbol, nos sentamos bajo su sombra, es cuando saco los caramelos de mi mochila y los reparto entre todos enseñándoles que es bueno compartir los alimentos con los demás, porque a Dios le agrada. Hablamos de la belleza y de la alegría en la vida, pero también de la tristeza y cantamos un corito del cual escribo su contenido:

Quiero cantar al amor
quiero contar de la belleza
que todos tengan libertad
y que no exista mas tristeza

Quiero contar de la verdad
quiero cantar a la alegría
y que la luz del nuevo sol,
nos alumbre el bello día.

En este mundo hay dolor
suficiente para todos
hay bastante violencia
no, no hace falta el odio
lo que falta es el amor
Amar a Dios y al hermano,
en eso está la solución
al dilema humano.

Con el canto y la música los niños pueden experimentar muchas cosas. En mi trabajo de la pastoral infantil, he logrado que los niños y las niñas aprendan verdades bíblicas a través del canto y la música, con estos recursos se obtienen muchos logros con los más pequeños, estos se aprenden textos bíblicos cortos como por ejemplo: sobre la creación – “Dios hizo los árboles” (Gn. 1-11) y sobre el amor "Dios es amor" (1Jn. 4:8)

Domingo tras domingo, continuábamos nuestro paseo, teniendo nuevos contactos con la creación de Dios. Pasó el mes de octubre y el mes de noviembre del 2002, los niños aprendieron que juegan un papel muy importante en la Creación; entendieron que estaban viviendo en esa comunidad pobre y rural para cuidar de los árboles, los animales y cuidarse entre ellos.

El mes de diciembre llega, anunciando la navidad. Decidimos todos coger un receso y así preparar una gran fiesta para celebrar la natividad del Niño Jesús. Los niños estaban entusiasmados, Orlandito, un niño de 12 años, preparó una décima para ese día. La navidad llega y es para todos. En el 1959 con el derrocamiento de la dictadura de Fulgencio Batista y la toma del poder dictatorial castrista, se va perdiendo en Cuba la práctica de esta festividad, sólo en algunos hogares cristianos se encendían las lucecitas para recibir tan grande acontecimiento; lo mismo pasó con el día de los reyes y otra festividades, la que el pueblo de Cuba, ya sea por tradición o por su cultura e idiosincrasia, celebraba antes. ¡Cuanto daño y perjuicio ha ocasionado el sistema imperante de Fidel Castro a las familias cubanas y entre ellas a los mas pequeños de la patria (los niños). Este sistema totalitario con su política de odio y prepotencia, ha llenado los corazones inocentes de sentimientos pecaminosos y malvados sacando la ternura, la bondad y el amor innato en ellos.

Era el 25 de diciembre, Caridad, la madre de la niña Sharita, nos preparó un pedazo de su patio donde se encontraba una mata de mango, la que como si fuera el arbolito de navidad le instalamos varios bombillitos y adornos de Navidad.

Los niños inquietos, nerviosos pero muy contentos.

Estaba todo listo para comenzar, dramatizamos la obra: El gran intercambio (2da. de Corintio 8:9) Orlandito cantó su décima:

En el día de hoy
Te canto con tesón
esta bonita alabanza
entregando a mi esperanza
vida, alma y corazón

Otros niños cantaron himnos navideños como: Venid Pastorcillos y Noche de Paz.

Ese día compartieron con nosotros los padres de los niños. Fueron ellos los que prepararon los alimentos; comimos cake, caramelos, pastelitos, ensalada fría y tomamos refrescos. Los niños recibieron regalos hechos con cartón nailon y retacitos de telas. La alegría era contagiosa y excitante, así pasó la navidad y con ella, el año 2002.


Llegaba enero del 2003. Mi trabajo con la pastoral infantil en la comunidad de los ilegales continuaba, a pesar de las muchas dificultades que se iban presentando cada día, como la ausencia de Biblias, falta de apoyo financiero, no teníamos local para dar las lecciones, lo hacía al aire libre; A esto añadiendo las trabas que me presentaban las autoridades, el gobierno. Lo que logré en este trabajo fue con el esfuerzo mío y de los niños. Confeccionamos nuestros títeres con retazos de tela y con algunos muñecos de peluches deshechos, teníamos a Rady (la conejita) y a Osito. También hemos fabricado maracas con güiras y palitos, las rellenamos de semillas de peonía. Sería más fructífera la enseñanza si contáramos con el apoyo de todos los sectores políticos y religiosos de la sociedad pinera.

En el mes de enero aprendieron muchas cosas útiles. Con dificultad les enseñé cómo buscar en la Biblia nuestras historias bíblicas, ya que sólo contaba con dos biblias; la mía y la de la niña Sharita. Comenzamos a caminar con Abraham y Sara en el mes de febrero por medio de relatos y cuentos que los niños hacían en su peregrinar. Muchos de estos niños salieron de las lomas de Guantánamo con sus familias para buscar una mejor vida, una mejor tierra. Así llegaron a Isla de Pinos: En medio de esta situación es que se da la relación de Dios en la vida de cada niño y niña en esta comunidad.

Nuestros contactos serían semanalmente; los domingos. De lunes a viernes, tendrían que ir a la escuela, y no era justo que después de caminar estos niños tres kilómetros y medio para ir a la escuela y la misma distancia para regresar, porque no tienen transporte escolar, ya que son niños “ilegales”, muchos regresan a trabajar hasta el oscurecer ayudando a sus padres a recoger los carneros y chivos. Otros cortan yerbas, ¿voy yo a llevarle otra tarea en sus actividades diarias? Como dice el libro de Eclesiastés, “todo tiene su tiempo”. Entre los niños y yo la relación se hacía cada día más afectiva. El interés que tenían por aprender de la palabra era evidente. Mi amor y mi fe la he compartido íntimamente con ellos, me encanta trabajar con, por y para los niños, ellos son el modelo que Cristo propuso a los que le seguían. Perder de vista la potencialidad creadora del niño, es perder de vista el presente y el futuro de la humanidad.

El místico poeta hindú Rabindanath Tagore así pensaba: Cada niño o niña que viene al mundo, nos dice, que Dios aún espera del hombre. Nuestro José Martí dijo: Los niños son la esperanza del mundo.

Como cada domingo seguimos en nuestro peregrinar. Los niños comenzaron a hablar de sus inquietudes. Nunca se me olvidarán aquellas palabras dichas por José Miguel, un niño de 10 años, que encerraba dentro de sí un adulto, por los horrores que había visto y vivido en nuestra sociedad cubana. José Miguel contaba que su papá abandonó a su mamá, a su hermanita y a él siendo muy pequeñitos. Cuentan que su papá se lanzó al mar en una balsa y nunca más supieron de él. Su mamá le dijo que seguro murió como tantos otros en el mar.

También nos narraba José Miguel que en el barrio donde pasó sus primeros años de infancia, muchos hombres se emborrachaban y hacían cosas muy malas, les pegaban a sus mujeres e hijos, culpándoles de las necesidades en que vivían. A medida que este niño hablaba, se llenaban sus ojos de lágrimas. Me puse muy triste. Él continuaba con su relato, decía que su mamá al ver la situación de su vida decide cambiar de tierra, de lugar y de casa, se va para Camagüey a casa de una prima, pero no duraron allí mucho tiempo, ya que el marido de la prima, que era un bandolero, les robó lo mejorcito que tenían de valor, dice que su mamá se enojó y decidió seguir peregrinando hasta encontrar la tierra, el lugar, la casa y la vida que tanto anhelaba, entones escogió venir para la Isla de Pinos.

Llegó el último domingo de febrero del 2003, terminamos de caminar con Abraham y Sara, era un día muy especial. Todos, las niñas, los niños, algunos familiares de los mismos y yo acordamos hacer una caminata de fe llegar a la próxima comunidad de Resplandor. Como en la antigüedad había crecido la familia de Jacob y Josué, nuestro grupo también creció. Los niños no solo son nuestra responsabilidad sino una obligación de tener la oportunidad de formar vidas. Con una dirección correcta pueden llegar a ser adultos útiles y responsables, o por el contrario, convertirse en un oprobio de nuestra sociedad. Enseñar al niño y a la niña no es una opción sino una obligación. “Instruye al niño en su camino para que aun cuando fuere viejo no se aparte de el” (Prov. 22:6)

Llegamos a la meta: la comunidad de Resplandor y con ella una sorpresa: en ese lugar había un parque de diversiones, todos corrieron hacia aquel parque para montar los aparatos. Yo me detuve, solo me quedé observado cómo los niños y sus familiares se divertían. Mi imaginación nuevamente echó a andar. Me dije a mi misma cuan felices serían estos niños si en la comunidad de “los ilegales” hubiera un parque de diversiones. Volví a la realidad, era imposible por las absurdas leyes del gobierno que declaraban a estos niños y a sus familiares ilegales en su propia tierra cuando Martí, nuestro propio José Martí dijo: Cuba es de los cubanos y que la patria es de todos y que Dios es para todos. En ese instante, con lágrimas en mis ojos me pregunté: ¿Crecerán estos niños con la esperanza de tener un futuro brillante? Me respondí: En una patria libre, donde no se mate la fe y la esperanza, donde renazca los sueños, donde crezca el amor y florezca el provenir, donde la idea no sea la de “patria o muerte”, sino la de “patria y vida con prosperidad”, entones podremos decir que sí, porque Dios es para todos.

Dedico esta historia real a todos los niños y niñas pobres de Cuba y muy en especial a los niños y niñas de la “comunidad de los ilegales”, en calle 18 final en Nueva Gerona, que en estos momentos en enero de 2006 están siendo desalojados junto a sus familiares por las autoridades del régimen de Fidel Castro.

Raisi Companioni Corbalán
Pastora de la Iglesia de Dios en Cuba (excluida por abogar por los derechos humanos).

Presidente de la Organización Independiente de Misioneros Religiosos en Acción.

EL APRENDIZ
Por Ernesto Borges Pérez

Él estaba, sentado en el auto como uno más. Era la primera vez que participaba en una detención, aunque quería aparentar serenidad, era víctima de los temores propios de un novato que se iniciaba en la polémica actividad de los sonidos secretos de su país. Sabía que ese día no sólo se detendría a aquel sospechoso que acechaba, sino que ejecutarían un registro público en su residencia. Era necesario localizar las armas que el sujeto y sus cómplices pretendían utilizar en el atentado contra el presidente de la república.

Su inexperiencia en la policía secreta le impedía comprender que esa operación de captura representaría un prestigioso aval en su naciente carrera profesional; pero no pudo calcular cuanto significaría ese día en su vida como hombre y patriota.

Estaba sentado detrás del chofer junto a su oficial instructor, al timón y a la derecha se encontraban dos oficiales experimentados del Buró de Casos Especiales. Nadie quería errar el caso, era delicado y los jefes seguían cada detalle de aquella batida operativa en la que detendrían simultáneamente a siete personas en diferentes puntos de la capital.

Después de más de 20 días de búsqueda y recopilación desesperada de información sobre los “francotiradores” había llegado la hora de abortar el siniestro plan de asesinato. La temían en el colectivo de investigadores, había llegado al limite permisible, las presiones de “arriba” eran colosales, apremiaba una respuesta inmediata; el presidente del país no podía correr peligro.

Por supuesto ante la ingeniosidad de los autores intelectuales del proyecto homicida y “las características personales” de algunos de los implicados no descartaban que tuviese lugar una encarnizada lucha entre los criminales y las fuerzas del operativo. Se sabía además de la existencia de un armamento “numeroso” en poder del enemigo político.

Los tripulantes del auto observaron una vez más las fotos del encartado y sus colaboradores. Uno de los oficiales experimentados recomendó que debían ser muy sagaces pues por lo general las fotos de sus presas no se correspondían con la fisonomía de los individuos en el momento de la detención.

El cerco secreto de la casa se había instalado con dos días de antelación, pero el grupo que actuaría llevaba tres horas en las calles laterales que conducían a la apartada finca, donde residía el principal sospechoso y sus familiares cercanos. En esta operación participarían 25 efectivos de los servicios de seguridad, información no confirmada apuntaba la presencia de más de 5 personas en la casa.

A las 05:30 a.m. les transmitieron por walkie-tolkie la señal con la luz verde para irrumpir el lugar. Los tripulantes del auto chequearon sus armas y se dispusieron a penetrar a la finca por la puerta principal, el resto cubriría los flancos y todas las posibles salidas del lugar. La puerta de la casa fue franqueada sin dificultad, logrando la ocupación total del inmueble en menos de dos minutos. La sorpresa surtió su efecto en los residentes. No hubo resistencia, todos dormían.

Se encontraban allí la abuela, el abuelo paralítico en su cama y una tía del sospechoso principal, quien a su vez fue sorprendido por el joven oficial en un pequeño cuarto de desahogo al fondo de la casa. El registro comenzó con las primeras luces del amanecer, el novato recordaría siempre después el amanecer como uno de los más tristes de su vida.

A medida que penetraban los primeros rayos de sol y que bajaron las tensiones de todos los presentes, el “Iniciado” pudo deparar en los detalles del hogar ocupado y de sus inquilinos. La luz del día devela una dolorosa realidad.

La casita era toda de madera, vieja, desvencijada, el deterioro en general de la casa y sus muebles denunciaban una miseria imponente, a los dos cuartitos les faltaban trozos de madera en las paredes y en el techo. Allí habían sellado los agujeros con nylon, de esos que sirven parar almacenar productos fertilizantes. No tenían televisor, refrigerador, ni ventilador, sólo poseían un radio viejo de origen norteamericano que aún funcionaba. El sospechoso dormía en un cuartucho de desahogo que se asemejaba por sus dimensiones a una letrina rústica hecho de cartón, trozos de madera y pedazos de planchas de zinc. Allí tenía como cama un pedazo de poliespuma de los que se utilizan para proteger los refrigeradores en su embalaje, como propiedad personal atesoraba una foto de la boda de sus padres, los dos fallecidos cuando el tenía 2 años en un trágico accidente de tránsito: un pantalón viejo y una camisa zurcida muchas veces. Poseía un par de tenis viejo y remendado, no tenía calzoncillos, ni medias. Usaba como cinto un cordel plástico a pesar de contar con sólo 23 años, al igual que el joven oficial, el detenido no aparentaba menos de 30 ó 35 años. Junto a su tarjeta de identidad se encontraba un certificado médico que hablaba de serio deterioro psicológico, indicando como tratarlo y a que dependencia hospitalaria remitirlo en caso de sufrir una “crisis”.

También estaba allí una maltratada, pero nueva en cupones, libreta de racionamientos. Como era de suponer en aquel sitio no se halló nada que apuntara sobre un macabro plan de atentado contra el presidente de la República que no fueran las miradas acusadoras y hambrientas de cuatro personas desamparadas. Nada impidió que aquel joven trastornado fuese llevado a prestar declaración en el órgano judicial. Entonces se supo como un confidente de los servicios secretos convirtió en un complot criminal el sueño de ese infeliz.

Cuando el aprendiz y su oficial entrenador se dirigieron a sus oficinas en horas de la tarde, el joven no pudo evitar preguntar:

-¿Viven así los opositores del gobierno?

Su experimentado tutor y colega trago en seco, encendió un cigarrillo y le contesto casi en un susurro:

-¡La mayoría! - Luego le agregó -¡No te desanimes muchacho, tú has sido preparado para enfrentar al enemigo inteligente, para eso existen oficinas especializadas, ¡Mientras tanto gana experiencia! ¡No olvides que un hombre confundido puede ser peor que un enemigo confeso!

-¿Aunque su confusión surja después de vivir 23 años bajo este gobierno y en esa miseria? Le preciso el aprendiz, con manifiesto interés.

-¡Sí! Le respondió con firmeza el interlocutor

Fue duro, pero el aprendiz comprendió que estaba sirviendo en el lado equivocado.

La Intrusa
Por Ernesto Borges Pérez


No sé por qué siempre me pasa lo mismo cuando traigo a mis hijos al zoológico, aunque les aseguro que como mínimo dos veces al año tengo la honrosa tarea de recorrer una por una las diferentes áreas de exposición de animales.

Sin embargo, no he podido en los últimos 10 años dejar de sentir la misma sensación de asombro e incomodidad, cuando me percato que dentro de la variedad de la fauna que se muestra no hayan destinado aún un estanque para las Ranas.

¡No se ría amigo lector! Estoy tan convencido como ustedes de que ellas no necesitan del zoológico para ser vistas y admiradas. Sé también que no son del agrado de muchas personas. Pero eso tampoco es razón para excluirlas, pues en definitiva no todos somos bien parecidos y simpáticos para los demás.

Es verdad, no lo niego que basta tener un patio de tierra o una buena zanja cerca de la casa para poder escuchar los interminables y regios conciertos que nos regalan esos animalitos, en cuanto caen las primeras lluvias.

¡Discúlpeme un segundo! Es que llegamos ahora al parque de diversiones y tengo que impartirle orientaciones precisas a mis herederos.

¡Carlitos!, fíjate bien lo que te digo, yo me quedaré sentado aquí y no les perderé ni pie ni pisada ¿Entiendes? Cuida a Sandrita. Y tu Sandrita hazle caso a tu hermano que para eso es el mayor. No quiero que se repitan las magulladuras y los chichones de la vez anterior… ¡Mira para eso!, han salido corriendo sin contestarme. Yo coincido con todo el que piensa que los niños de ahora están marcados por la turbulencia de estos tiempos.

Antes de continuar, quiero dejarles claros que no soy estudioso de ranas, ni soy miembro de la organización no gubernamental «Pro-Naturaleza». En verdad mi relación con las ranas es algo difícil de explicar. En primer lugar tendría que remontarme al pasado.

En segundo lugar tendría que referirle a uno de mis grandes secretos.

Pero al mismo tiempo, no sé que me sucede hoy, siento una profunda disposición a contarles algo que con mucho celo me he reservado siempre. ¿Será que estamos en el mes de Junio, que hoy, como entonces, es domingo? ¿Qué ayer cumplí 52 años?

No sé, pero aquí les va mi recuerdo de un acontecimiento extraordinario:

Si amigo, yo el doctor Fernández viví una experiencia inolvidable.

Un domingo, sí, de Junio como hoy, me levanté temprano y decidí preocuparme de mi único pullóver blanco. Lo cogí y lo lavé, utilizando la última muestra de jabón de olor que me quedaba. Me esmeré tanto restregándolo, que si Amelia mi esposa me llega a ver estoy absolutamente convencido de que ahora no me aceptaría los pretextos que le planteo para no lavar, ni la ropa interior. ¡Vaya el pretexto clásico de nosotros, los hombres ¡No lavo porque me sale mal!

Después de restregar bastante el pullóver, lo enjuague y lo coloque en la tendedera mojado y estirado, para que al secarse quedara como a mi me gusta, bien planchado.

Pues bien, mientras estoy contemplando a mi obra, una rana saltó sorpresivamente sobre mi pullóver y allí se quedó quieta y evidentemente satisfecha. Me acerqué lleno de ira y le clave mis ojos sin ocultarle que me disponía a destrozarla, me miro con insolencia y de pronto me dijo: ¿Crees que esas miraditas matan?

Al principio me volteé buscando el origen de esa voz irónica, pero no terminé de girar, ella me volvió a la dura realidad con otra pregunta: ¿Donde aprendiste esos modales?

No me quedo duda, la sucia asquerosa y extravagante rana me estaba hablando ¡A mí!

Después se subió al cuello del pullóver y pude ver los estragos que había hecho.

Dejó huellas de tierra en el lugar del aterrizaje, me observó detenidamente, de arriba abajo inquiriendo: ¿Esa es la forma correcta de recibir a un visitante? Perdí el control y como en una ráfaga, liberé todo mi odio contra ella. ¿Cómo te atreves animal baboso y repugnante a considerarte una visita? ¿Crees porque hablas me vas a impresionar?

Contesto sin inmutarse: No te pongas así, comprendo que estés de mal humor, pero si eres honesto contigo mismo, reconoce que no vendrá nadie más a verte hoy. Esto último me dejo petrificado. En cuanto me pude recuperar le riposté que yo no le temía a la brujería y mucho menos a las ranas. Agregué que perdía su tiempo conmigo y le grite: ¡Márchate!, antes que te convierta en pedazos. Me miro de forma despectiva, sin el mas mínimo asomo de miedo, luego sonriendo me contesto: Esta bien, como tu quieras.

¡Quédate solo! ¡Ah! Disculpa la suciedad del pullóver, me puse tan contenta al sentirte trajinar, que salté para poder verte mejor -Agregó- ¡Fue un placer! y brinco al patio.

La vi irse tranquilamente. Me senté en mi cama y pensé en el pullóver sucio. Después sin poder evitarlo me aterroricé, recordé cuando la rana sentenció ¡No vendrá nadie mas a verte hoy!

Ella tenía razón. Fue mi único huésped en mucho tiempo, yo estaba solo con mis recuerdos, me encontraba preso y aislado en una celda por motivos políticos.

22/06/99

Mañana es otro día
Por Luis Torres Cardosa

No puedo afirmar que sea igual en todos los pueblos de mi país, pero al menos donde yo vivo es normal levantarse por la mañana y encontrarse a la vecina barriendo al frente de la casa y por regla elemental de educación usted le dice:

- Vecina, buenos días.
- Bueno lo tenga usted, porque lo que soy yo, no lo tengo ni regular.
- ¿Que le pasa, tiene usted algún problema?
- Para empezar le diré que la niña tiene que irse para la escuela y esta es la santa hora que todavía no ha llegado el pan y como tiene 8 años no le dan leche, ¿usted se imagina? Yo creo que si no llega a tiempo hoy no la mando a la escuela.
- Cálmese vecina, que ayer por la tarde compré un pan "Especial" y creo que por casualidad queda algún pedazo.
El buen vecino busca el pan, lo da a la vecina, ella le agradece y entra presurosa a ver si encuentra algo para echarle dentro. Resuelto el problema, la niña desayuna su pan con un poquito de café claro, y se marcha a la escuela y mientras su madre la observa alejarse le dice:
- Ve por la orillita.
Esta frase es normal, porque en los barrios periféricos de mi ciudad las calles no tienen aceras. Luego el buen hombre entra a su casa y conversa con su mujer.
- ¿Mujer que inventamos para el día de hoy?
- ¿Tú me preguntas a mí?, hoy estamos a doce, ya se acabó el arroz, los frijoles, ahí quedan unos cambutes (plátano burro) que ya no los soporto, así que sal para la calle y ve a ver que resuelves.
El buen hombre sonríe como queriendo decir "esto no es fácil", coge una jaba y sale a la batalla, llega al mercado agropecuario, camina todos los kioscos de ventas buscando en cual de ellos la mercancía está más barata, entre la espada y la pared se detiene en uno de ellos y la pizarra informativa lo mira a él con cara de pocos amigos, exhibiendo los precios:
- Arroz ....$ 6.00 x Lb. - - - - - - Ajo ..... $ 0.50 x la cabeza
- Malanga ..$ 3.50 x Lb. - - - - - - Ajíes ... $ 2.00 x Lb.
- Tomate ...$ 2.50 x Lb. - - - - - - Ñame .... $ 2.00 x Lb.
- Yuca .....$ 1.00 x Lb. - - - - - - A. Maíz ..$ 2.50 x Lb.
- Boniato ..$ 1.00 x Lb. - - - - - - Pepino ...$ 1.00 x Lb.
- Calabaza $ 1.00 x el pedazo (que tiene una libra)
- Carne de cerdo $ 16.00 x Lb. etc...
El hombre pone a funcionar su calculadora y mientras saca su cuenta: $ 6.00 más $ 2.50 más $ 3.00 puede ser yuca o boniato, más $ 16.00 es igual a $ 27.50 y en eso le interroga el vendedor:
- Vamos compadre, déjate de acariciar el melón (frase popular para referirse a una cifra considerable de dinero) y llévale algo a la familia.
El buen hombre se decide, hace su compra aunque poco satisfecho porque tiene la impresión que la pesa está preparada para robar y le dice al vendedor:
- Complétame los $ 30.00 con una cabeza de ajo y ajíes.
Llega el hombre a su casa con una libra de arroz, una de tomate, una de yuca, una de carne de cerdo, una de ajíes y una cabeza de ajo. La jaba está casi vacía y ya gastó $ 30.00. La mujer lo recibe con el rostro algo más amistoso y al recibir la jaba exclama:
- Vaya, hoy comeremos carne.
El hombre sonríe porque no hay otro remedio y exclama:
- Eso es sólo para cogerle el sabor, acuérdate que somos cuatro y la carne de cerdo al cocinarla se consume.
Ella se queda mirándolo para darle la nueva noticia y al fin le dice:
- Oye, hace falta comprar un litro de petróleo que el tanquecito de la cocina está marcando cero jits, cero carreras.
El se queda mirándola y susurra:
- Caramba, le zumba.... la berenjena.
Sale con un litro y después de caminar todo el barrio, no encontró petróleo. En estos días la cosa está mala, porque con estos operativos policiales la gente no se atreve a moverse, (expresión popular para dar a entender que la gente se roba las cosas en su centro de trabajo para luego venderlas), se queda pensando y de momento encuentra la solución. Comprar $ 3.00 de leña y cocinar en el patio, pero al comunicárselo a su esposa ella contesta airada:
- NO... ni lo pienses, cocinar con leña es una tortura, además me tizna las ollas.
- Entonces, ve a ver a la vecina para que te preste la hornilla de carbón y compraré media lata.
- ¡Ah... así está mejor!

Después de toda esta vorágine, al fin se almuerza en la casa, el caballete de los platos no es muy alto, la carne algo simbólica, algún niño pregunta si queda algún poquito y la madre le dice:

- Tómate dos vasos de agua.

Luego llega la tarde y allá como a las 5:00 p.m., comienza el nuevo rompecabezas, se maneja una variante, se maneja otra y al fin se encuentra la solución más barata, una pastilla de pollo $ 1.20, un pedazo de calabaza $ 1.00, una yuca que dejaron del almuerzo, un jarrito de fideos $ 5.00 que vende no se quien, se hace una sopa y ya está, resuelto este último lío, el buen hombre toma un mochito de lápiz y en una hoja cualquiera saca su cuenta mientras medita:

- Pastilla de pollo... $ 1.20
- Calabaza............ $ 1.00
- Fideos.............. $ 5.00
- Carbón.............. $ 7.00
- Total............... $14.20

- Más $ 30.00 del almuerzo son $ 44.20, así que si todavía faltan 18 días necesitaremos $ 795.00 para terminar el mes, pero como todos los días no podemos comer carne, pongamos unos $ 600.00, así que tengo que montarme en patines e inventar algo, si no en los últimos días se hunde el Tinanic, todo eso sin contar los medicamentos que tengo que comprar en bolsa negra, como los de la Cervical de mi esposa, el antiparasitario de los niños, pastillas para purificar el agua, el jabón de baño, la pasta dental, un litro de aceite, jabón de lavar, el pago de la electricidad y el pago del agua. Ah... ¡y la sacrolumbarigamia!. Coño... yo creo que necesito, más de $1000.00 todos los meses para mantener a mi familia. En eso entra su esposa y lo saca de la meditación.

- Mijo, tu no te vas a bañar, ya casi es de noche y estoy al bajar la sopa.
- Espera un rato más que si como tan temprano cuando llegue la hora de la novela estoy que corto (expresión para dar a entender que la persona tiene hambre).

Por fin llega la hora del preciado manjar y el jefe mira a su familia con la satisfacción del deber cumplido.

Luego el NTV, hoy se cogió una hora porque estaba tirando Misuamo Señooo "Don Teba" y entre alguna que otra situación, ¡que desgracia!, adiós novela de mi vida, acaban de quitar la electricidad, todo el mundo para el portal, el calor es insoportable y los mosquitos zumban como aviones de combate. Llegan las 10:00 p.m. y agotados todos los temas hay que acostarse, con mosquitos, calor y la esperanza en el piso. Ya acostados la mujer susurra a su hombre:

- Nene, ¿qué inventaremos mañana?
- No... por favor, por hoy es suficiente...MAÑANA ES OTRO DIA.

Nota del autor: Quise respetar el lenguaje popular y reflejar la situación según la realidad.

Dado el 23 de julio de 2001.

Narciso y los cuban-americans
por Rafael López Ramos

Dice que cuando miró su reloj eran las 7:12 y pensó que si no se apuraba iba a perder el metro de las 7:30 (yo le rectifiqué "la guagua", pero insistió en que era el metro), así que terminó de beberse el batido de mamey y puso el vaso en la máquina lavaplatos. Sin esperar a que sonara la campanita de ring de boxeo del micro-wave, sacó el sandwich cubano; el queso no se había derretido totalmente, pero se lo empezó a comer con avidez mientras la cafetera eléctrica terminaba de colar aquel café semi-transparente, que luego se sirvió en la taza de la Estatua, souvenir turístico de Liberty Island, N.Y., regalo de su ex-novia y colega Angy Gómez en su primer mes de relación.

Recuerda cuando Angy llegó al instituto como parte de un intercambio académico con la Universidad de la Florida. Desde el principio quedó fascinado con su estilizada belleza cubano-americana (nacida en Cuba, criada en Miami) y su competencia profesional. También recuerda la primera vez que la llevó a su apartamento. Habían celebrado juntos la cena de nochebuena en casa de un amigo y al final de la velada ella se ofreció a "darle botella" hasta su casa. Llevaba un vestido rojo con detalles blancos que pretendía ser una ingenua alegoría navideña, aunque era realmente un guiño de malicia erótica, por la forma en que acentuaba sus curvas peligrosas -para choferes sin licencia. Cuando llegaron y se encendió la luz en la cabina del auto, ella descubrió una mancha de grasa de cerdo en su costoso vestido de Santa Clausesa, pretexto que él enseguida aprovechó para invitarla a subir y tratar de limpiarlo con algún mágico producto.

Bebiendo su café contempla el sofá en cuyo respaldar cayó el vestido -aún con la mancha- mientras ellos rodaban abrazados sobre los cojines. En rápidos flashazos su memoria repasa los gloriosos fines de semana subsiguientes, que comenzaban en los cruceros nocturnos del litoral norte, bailando al ritmo de las mejores orquestas soneras de la isla y la Florida o bebiendo champán en la cubierta, arrobados por el romántico espectáculo de las luces habaneras, que parpadeaban en la distancia como una clásica y edulcorada imagen bolerística. Entonces ellos brindaban por el futuro, tras derramar por la borda un chorrito de bebida en honor a los miles y miles que esas aguas se había tragado en su desesperado intento de escapar -de adolescente, Angy imaginaba a la isla como una inmensa cárcel de Sing-sing, rodeada de enormes y obesos tiburones.

Pero lo mejor de aquellos fines de semana era, sin dudas, sus edénicos domingos de clausura en este mismo apartamento. Para evitar a los eternos sapos, conectaban la contestadora automática y dejaban que el día se escurriera dulcemente sobre sus cuerpos desnudos, entre sesiones eróticas que tenían como intermedio viejas películas nacionales de la época del ICAIC, cervezas Habey y pizzas González que él recibía en la puerta a medio vestir, provocando la sonrisita socarrona del mensajero.

Pero ahora, sin mucho más tiempo para remembranzas, él regresó bruscamente a la realidad y terminó de ajustarse la corbata ante el espejo de la sala; desconectó el aire acondicionado y conectó la alarma electrónica, para cerrar por último la puerta y salir al pasillo en busca del elevador, un sofisticado y silencioso equipo japonés, graciosamente contrastante con el añejo edificio Art-Deco, aunque había quedado como nuevo tras la impecable restauración realizada el año anterior por la alcaldía. Cuando el ascensor paró en su piso, lo asaltó el parloteo de cuatro vecinos que bajaban del sexto. Todos interrumpieron su charla un instante para saludarlo y enseguida retomaron sus respectivos diálogos, que se cruzaban como disparos en un campo de batalla.

- Mire, compadre, si ese Johny Jimene es bateador, mis orejas son clavele
-dice el mulato gordo que porta una caja de herramientas de electricista.
- No, yo no digo que tenga el average de un Canseco o un Víctor Mesa, pero el muchacho promete, si no espera la temporada del año que viene pa' que tu vea -argumenta el joven melenudo que lleva colgado al hombro un bolso de computadora Laptop.
- No tiene ni el average ni el brazo. ¡Qué va a tener brazo ese muchacho cria'o con corn flake!; pa' podel competir en la pelota aquí en la isla todavía tiene que comel mucha carne 'e puelco -continúa el gordo, como si fuera un gurú nutricional antivegetariano.
Los otros dos pasajeros del ascensor son la esposa e hijo del electricista; una señora rubia y adiposa que parece estar en sus cuarenta años -aunque sólo tiene treinta y dos- y un niño mestizo e hiperquinético que le saca punta a un lápiz y flexiona las rodillas al ritmo de una percusión rapera que imita oralmente.
- 'Tate quieto muchacho a ver si puedo acabar de abrocharte los cordone de lo zapato. To' los día es la misma tragedia: la guagüita del colegio pitando allá abajo y tú sin vestirte to'avía. Te voy a tener que despertar a las cinco 'e la mañana, pa' que tengas tiempo de recrearte to' lo que te dé la gana.
- Oooiga, la verda que hay que tener cara pa' llamar Almendare a ese equipito e' mielda. Eso no es ni la chancleta del Almendare.
- Aaah, Fico, no me venga a decir que tú te acuerda del Almendare, que en esa epoca tú no habías ni naci'o.
- Bueno, yo no había naci'o, pero el viejo mío se pasaba to'a la serie nacional haciendo comparacione y guardaba como oro unas revistas Bohemia de ante del cincuentinueve.
- Dale m'hijito, termina que todavía me vas a sacar un ojo con el jodi'o lapi. Echa pa'lante el otro pie, to' los día es la misma recondenación contigo. Oye Fico has algo, viejo, a ver si este muchacho se controla aunque sea un minuto.
- Chichi, deja al niño que se desenvuelva que él salió así a su abuelo.
- Mami, ¿que quiere decir "foqui"?.
- Ay, qué se yo, eso lo dicen en las película cuando se fajan; pero por si acaso, no se te ocurra decírcelo a nadie, que tú siempre estás inventando.
El vuelve a mirar su reloj con ansiedad y al abrirse la puerta, atraviesa el vestíbulo a grandes trancos, en competencia con el niño que corre hacia el omnibus escolar estacionado junto a la acera, sin oir la despedida de su madre:
- By-by Juanito, !pórtate bien, que la "seño" no me vaya a dar otra queja de tí!

Cogió por la calle San Lázaro hasta la estación del Ameijeiras Bros. Memorial Hospital y bajó corriendo la escalera eléctrica mientras sacaba un billete de tres y otro de un peso, que azarosamente quedaron con las esfinges de José Martí y Narciso López hacia arriba, cuando los puso en la ventanilla para pagar el boleto. Esta momentánea conjunción de ideologías vernáculas de la colonia le hizo recordar el simposio Pensamiento Político en la Historia de Cuba, que el instituto donde trabaja estaba organizando para el próximo año. Aunque era temprano ya estaba sudando copiosamente, así que entró enseguida en la estación buscando el aire acondicionado y, camino al andén compró en un estanquillo El Herald Habanero, pero ni siquiera llegó a abrirlo porque sintió el ruido del tren que se acercaba. Entró al vagón más cercano y cuando se acomodó en el pasillo cobró conciencia de la intensa sudoración que le cubría el rostro y el cuello. Se secó con el pañuelo y se aflojó la corbata, pero enseguida las gotas volvíeron a rodar por sus mejillas. Quizás el aire acondicionado está defectuoso, pensó, volviéndose hacia los otros pasajeros en busca de una explicación; pero lo que vió le provocó una confusión aún mayor, que se fue convirtiendo en horror. Todos sudaban tanto o más que él, pero lo que ponía la verdadera nota de absurdo en aquel vagón era su inquietante aspecto de vitrina de museo antropológico nacional.

Un grupo de esclavos africanos entonaba cantos yorubas, atándose tiras de sus harapos en la frente para contener el sudor; dos indios Siboneyes golpeaban con una Coa el vidrio de la ventanilla, mientras un hacendado criollo del siglo XVIII y un barbudo del Ejército Rebelde trataban de abrir la puerta haciendo palanca con la bayoneta de un fusil tomado a un "ralladillo" del ejército colonial español quien yacía medio desfallecido en el asiento, con la casaca desabotonada. Al fondo del vagón, una "jinetera" hecha una sopa se inclinaba sobre el sexo de un turista canadiense que bebía con los ojos cerrados un Cuba Libre y, ocasionalmente, se frotaba la cara con el vaso frío. Junto a ellos, en medio del pasillo, un gallego bodeguero sostenía por las piernas a un "seguroso" que se había quitado empapada su inconfundible guayabera (traje nacional devenido disfraz policial) para golpear con la culata de su pistola la rejilla del aire acondicionado en el techo.

Entonces sonó aquella estridente alarma que paralizó a todo el mundo. Y Narciso Gutiérrez Pérez, maldiciendo alargó el brazo para desactivar el timbre del viejo despertador soviético, porque eran apenas las 6:30 A.M. y ya estaba bañado en sudor a causa de un apagón matinal que lo había privado del ventilador, mínimo alivio en el tórrido agosto insular. Se secó el sudor con la sábana y comenzó a levantarse tan despacio como si le doliera cada movimiento. Se aseó con una astilla de jabón de lavar, que también usó como pasta dental (hacía tres meses que no la distribuían en la bodega de su barrio); luego fue a la cocina para prepararse el desayuno, consistente en el panecito de 80 gramos que le corresponde por la Libreta de (des)Abastecimiento, aderezado con un poco de aceite y sal, un vaso de Cerelac (misteriosa, arenosa e insípida formula a base de soya) y un café parcialmente "descafeinado" debido al método que usa para ahorrar al máximo el costoso grano, cotizado ya a 80 pesos la libra en la bolsa negra: extrae de la cafetera sólo la mitad de la borra de la colada anterior y rellena el espacio con polvo fresco.

La cocina de kerosene estuvo unos cinco minutos negándose a gasificar y tuvo que volver a echarle alcohol y calentar el gasificador hasta que al fin logró encenderla sin que produjera aquel humo negro y hediondo. Puso primero a la candela el cacharro de aluminio con el Cerelac y después la cafetera "italiana", fabricada en Santa Clara. Desayunó de pie ante la meseta de la cocina, aspirando insensiblemente sus vapores tóxicos, con la vista perdida como un zombie en las manchas de humo de la pared. Recordó que en el sueño se comía un sandwich entero en el desayuno y sintió una punzada en el estómago mientras se trasladaba al cuarto para vestirse y guardar en su gastado portafolios de vinyl el periódico Granma donde publicaron el material de estudio que deberán "analizar" ese día en el instituto donde trabaja. El texto habla de ...la sociedad civil socialista cubana que componen nuestras potentes organizaciones de masas (...), las sociales, que como es sabido agrupan entre otros a los combatientes de la Revolución, a economistas, juristas, periodistas, artistas y escritores, etc., así como otras ONGs que actúan dentro de la legalidad...; pero a Narciso esto le suena aún más absurdo que su sueño, pues no logra entender cómo una sociedad civil puede tener al mismo tiempo un carácter político -homogéneamente socialista- y estar compuesta por las organizaciones de masas que el propio gobierno "organiza" para controlarlas mejor.

Con el gancho de presión sujetó el portafolios en la parrilla de su bicicleta china Forever (toda acero), que él ruega cada día no tener que usar for ever, dado el excesivo peso de su metal constitutivo. Palpó las gomas antes de salir al corredor de su piso, tirando con cierta violencia la puerta del apartamento, pintada de un esmalte carmelita lleno de grietas que dejan ver su antiguo color verde botella.

Yo bajaba con mi bicicleta al hombro y lo ví en el quinto piso, mirando con disgusto el mural del CDR que hay junto a la escalera, porque esta semana una nueva propaganda ha inundado la ciudad en carteles, vallas, contraportadas de revistas y televisión: sus letras en rojo y azul dicen "Ante todo tenemos Patria". Cuando lo saludé, soltó un hondo suspiro y se subió también su bicicleta al hombro, mascullando "yo me conformaría con que tengamos corriente por la tarde pa' poder subir la cabrona bicicleta en el elevador". Y bajó la escalera detrás de mí, maldiciendo por lo bajo como para resarcirse de todo el silencio que deberá guardar durante el resto de la jornada.

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Producido por Pablo Rodríguez Carvajal - payo@bellsouth.net - Copyright © 2003  PayoLibre.com
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